¿Alguna vez os habéis preguntado porque explicamos cuentos? Ya seamos pequeños o grandes, hay cierta magia al estar parados unos instantes ante alguien que te explica la historia de una tierra lejana, de un aventurero en busca de un tesoro perdido o la de un animal con características especiales. Sean fabulas, historias cortas o relatos fantásticos, los cuentos tienen la capacidad de hacernos vivir sucesos ajenos a nosotros y, quizás, conectar con la parte más inocente de nosotros mismos.

Desde que la humanidad ha sido capaz de comunicarse, los cuentos han sido presentes. Ya fueran para explicar fenómenos de la naturaleza, los cuales no éramos capaces de comprender, relatar nuestros sueños, expresar conceptos filosóficos o procesos psicológicos o, simplemente, como reflejo de la esencia misma de la sociedad. Siempre hemos tenido la necesidad de transmitir unos conocimientos o experiencias y compartirlo con los nuestros.

Los cuentos son fuente de conocimiento, y no sólo eso, además, tienen una serie de efectos que los psicólogos y psicólogas no hemos dudado en utilizar para mejorar el tratamiento de nuestros pacientes y minimizar las dificultades que nos podemos encontrar.

A menudo, nos encontramos en la necesidad de abordar temas difíciles o de ayudar a nuestros pacientes a que se repiensen ciertos pensamientos que les son perjudiciales. Sin embargo, hacerlo de una forma directa puede ser ineficaz o difícil de encarar por ambas partes.

Es en este punto es donde entran los cuentos terapéuticos, representaciones de situaciones "imaginarías" que nos aportan una reflexión, otro punto de vista o un nuevo conocimiento que nos puede ayudar en nuestro proceso terapéutico.

El objetivo de esta técnica es captar lo que preocupa al/la paciente y construir un relato que le permita elaborar una solución por sí mismo/a.

A través del cuento, captamos la atención del oyente, permitimos que sea él/a mismo/a quien extraiga sus propias conclusiones, evitando sus posibles resistencias, produciendo un cambio de larga duración en su pensamiento, a la vez que le permitimos ver un problema desde fuera de sí mismo/a, con una perspectiva más abierta y favorable al cambio.

Cada historia se tiene que adaptar a cada caso, rara vez un mismo relato ayuda a dos pacientes diferentes. Por suerte, todo el mundo puede intentar construir su propio cuento, sólo necesitas tener claro el objetivo, el mensaje y que la inspiración esté de tu parte.

Así, pues, estimado/da lector/a los cuentos no sólo sirven para hacer dormir a los más pequeños de la casa, también nos ayudan a reflexionar, a pensar, a mejorar y, no nos olvidamos, a soñar. ¿Te animas a crear el tuyo?

Publicado: 19 de Mayo de 2017